Brochettes de salmón con ensalada de trigo burgol

Le van a tener que encontrar la vuelta al pescado porque es un salvador en la cocina, además de una excelente decisión nutricional. Acá les dejo una idea.


He estado pensando cuánto disfruto de comer pescado estos días, en contraste con cuánto lo detestaba de pequeña. Por un lado, creo que el pescado puede ser como el tango o el café amargo, o el anís, o escuchar radio, o muchas otras cosas que uno aprende a disfrutar a medida que medida que se pone más viejix. Por otro lado, culpo a las cocineras del colegio por haberme arruinado la idea de muchos alimentos cocinando muy feo.


Nunca subestimen el impacto de las primeras comidas.

Tardé años en salir de la milanesa. Podía ser napolitana, con salsa de puerros, en bastoncitos, en picada, pero siempre con apanado. Si no tenía ese plus del pan, parecía que faltaba sabor, textura, sustancia. Y guay que no era sólo merluza. A todo le faltaba algo.


Algo pasó en un momento que organicé mi vida con un pan nutricional: no podía apanar. WTF. Y se ve que mi cabeza es de esas que funcionan mejor cuando está obligada, porque de repente me vi haciendo 321 recetas con pescado blanco (mucho menos calórico que el churrasquito o el pollito) y disfrutándolas como si hubieran armado el plan de mis sueños. Comparto una de las recetas.


De la receta


Pescado: usé lenguado porque es firme, sin espinas y muy muy fácil de manejar, pero podría ser merluzón, mero, gallo, gato, salmón rosado, abadejo, o algo con poca espina para comer con confianza.


Condimentos: obbbviamente pueden usar sus favoritos y sacar los que por alguna razón no quieran consumir, pero sean arriesgados, atrevidos, alocados. Agreguen color y sabor, diviértanse con esto, no puede pasar nada malo.


Brochettes de lenguado con ensalada de trigo burgol

2 porciones generosas



2 filets de lenguado

1/2 taza de trigo burgol grueso

1 hoja de laurel

Sal marina y pimienta

aceite de oliva

Condimentos: 1 cda coriandro, 1 cda pimentón dulce, 1/2 cda pimentón picante, 1 cdta comino, 2 cdtas nuez moscada.

1 cebolla de verdeo

1 limón

1/2 palta


  1. Cocinar el trigo burgol en abundante agua con la hoja de laurel y una cdta de sal marina. Lleva unos 10 minutos. Colar y dejar enfriar en el colador. Tiene que quedar aireado y suelto, pero tierno.

  2. Para hacer la marinada, coloquen en un plato hondo o algo donde después puedan colocar las brochettes, 3 cdas de aceite de oliva y los condimentos, mezclen bien.

  3. Corten cada filet por la línea que tiene marcada, van a tener una parte muy gruesa y una finita. Corten la gruesa a la mitad nuevamente y decidan, según el tamaño, si cortar la parte finita. Deberían al final tener 3 o 4 tiras de unos 2,5 cm por el largo del pescado, ¿se entiende?

  4. Agarren un palito de brochette y pichen el pescado haciendo una viborita. Fíjense que quede parejo para que al apoyarlo en la sartén quede cocido muy hermoso.

  5. Sumerjan las brochettes en la marinada y asegúrense de que queden bien cubiertas.

  6. Calentar muy bien una sartén de buena calidad. Una vez caliente, apoyen las brochettes y cocinen por 3 a 4 minutos del primer lado y den vuelta. Este es el tiempo, no dejen que se les pase.

  7. Den vuelta y espolvoreen con sal marina (yo elijo usar en escamas para generar un efecto de sabor al encontrar granitos) y un toque de pimienta fresca. Cocinen unos 3 minutos.

  8. Para armar la ensalada, combinen el trigo con un toque de coriandro, jugo de limón, la palta y la cebolla de verdeo picadas. Prueben, ajusten la sal y listo.

  9. Sirvan la ensalada como base, apoyen las brochettes encima y rocíen con jugo de limón. Oh my!



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